sábado, diciembre 09, 2006

PÉRDIDA



Ay, mi amor, qué lejos quedan
los viejos adoquines de tu boca,
las fuentes donde el tiempo nos mentía
con cuentos que duraban para siempre.

Un banco en una plaza solitaria,
la luna a cero grados, la bufanda
de mis sueños, el abrigo de tus veinte
y un millón de hojas de tilos
esparcidas como labios sin retorno.

Hoy la plaza acoge otros delirios,
los inventos de otros pechos inocentes
en el cielo de las noches imposibles,
la botella medio entera de la vida
y el presente transeúnte que, despacio,
se bebe a sorbos sus victorias.

Ay, mi amor, mi eterna Eurídice,
qué lejos cuando miro tu retrato
y tocas con nostalgia mis arrugas.
¿Dónde están nuestras caricias,
el dos por uno de los besos,
el sabor febril de las palabras?
He mirado en cada esquina,
en los charcos, en hostales,
en los versos ovillados de la cama.

Sólo un jirón del alma,
la sombra descosida en un cajón
de una edad perdida en el camino.

Qué nos queda, amor, sino el regusto
de estar lejos por haber vivido.
Qué nos queda, amor, sino la pérdida
con la que escribimos nuestra historia.

5 comentarios:

Goyo dijo...

Bonito cambio de imagen. Me alegra ver que sigues colgando buenos poemas. Y esta nostalgia? (perdone el lector que en Suecia no existan los signos de interrogación iniciales). Yo tambien recuerdo cosas de Granada ultimamente... vamos a tener que ir pensando en volver prontito, aunque sea para una visita.
un abrazo fortísimo, y hablamos a partir del 22, fecha en la que espero volver a espana, a por turrones.

José Mari dijo...

Estuve allí en las jornadas de enseñanza de la lengua española. Bueno, yo creo que la nostalgia por aquellos años durará siempre porque no volverán nunca. Me sugirió este poema un paseo que me di en busca de chocolate y turrón artesano, que no se deben perder las buenas costumbres.
Hablamos entonces en cuanto llegues. Yo en casa el 23 porque el 22 no me da tiempo a coger el enlace. Un abrazo.

Lamusadeloko dijo...

Felicidades José mari, tu poema es de una gran belleza. Puede que solo te quede el regusto de haber vivido, pero también que la vida no te curtió el corazón hasta volverte insesible a estos detalles, tan profundos.
Sludos

José Mari dijo...

Gracias, lamusa. Ahora mismo voy a ver tu blog, que no me ha dado tiempo a mirarlo antes. Bueno, es cierto que el regusto es mejor a la nada, te doy toda la razón. Un abrazo.

Miguel Marqués dijo...

¡Nene!

No sé qué tiene tu forma de escribir. Ya lo pensaba hace tiempo, cuando leí por primera vez poemas tuyos.

No es estridencia. Es sedosidad. ¿Cálida? Quizá como el chocolate que buscabas (¿lo encontraste?). Un poco como el olor a lúpulo en la cuesta de cervezas Alhambra: acre, dulce, punzante.

Y ya está bien con los adjetivos. ¡También es música!

Yo también tendré a Granada presente siempre, siempre llamando en voz baja. Allí uno se olvida del mar, incluso. Y los bancos, las bufandas, las torres, el helor de la sierra, la nieve, la malafollá, Lorca y sus muertos, la Alhambra y sus muertos, ese Enrique Morente cantando.

El regusto será el del whisky de mis primeras borracheras y el del pan con tomate de los desayunos del Loyola.

Granada, para mí, nunca se acabó, y nunca se acabará.

Un gustazo leerte, maehtro!